La reciente escalada en Medio Oriente abre un debate sobre diversas concepciones respecto a dónde se dirige el mundo actual. En esta breve columna se analizan algunas ideas respecto a la pérdida de hegemonía del imperialismo occidental ante la creciente participación de China y Rusia como superpotencias y los nuevos actores emergentes.
Los acontecimientos del último lustro condensan el desequilibrio global provocado por la crisis internacional del 2008 en Wall Street, la cuál frenó el dinamismo de acumulación capitalista abriendo un espacio para que el acomodo económico, político y geopolítico diera paso a la participación de China como superpotencia en el plano comercial y de Rusia como potencia en el plano militar y dirigencia mundial. Aunado a ello y sobre la base de la premisa marxista de que “el avance de cualquier potencia sólo puede darse en detrimento de otra”, la precipitada caída de la hegemonía estadounidense, no solo ha permitido el ascenso de las súper potencias previamente mencionadas, sino que también ha dado paso a que haya un reacomodo global en donde el poder de distribuye (en medidas asimétricas) por diferentes rincones del planeta.
Ejemplo de ello son las rupturas africanas, como en Níger en 2023 o Burkina Faso en 2022, eventos en los que mediante golpes de Estado, grupos militares nacionalistas han tomado el poder denunciando el servilismo de los gobiernos previos a los intereses de las potencias colonizadoras, principalmente Francia y EE.UU.
Así mismo, la propia dinámica militar que se está desarrollando en Medio Oriente, en la que Irán, ha mostrado capacidad de fuego para responder a los ataques imperialistas, no habría podido darse de la misma manera si el hegemón se mantuviera estable. La realidad actual solo se puede leer bajo el entendido de la crisis orgánica explicada por Antonio Gramsci como crisis política, económica y social, que se está viviendo al interior de los Estados Unidos, la cual ha desembocado en el avance de la reacción ultraderechista, imponiéndose mediante represión por parte de los cuerpos policiales y militares de ICE dejando escenas deplorables de injusticia y los escandalosos asesinatos de Nicole Good y Alex Pretti. De igual forma, en 2024 se desarrolló un importante movimiento estudiantil pro-Palestina, sofocado por la vía de la represión por gobiernos republicanos y demócratas, junto a importantes huelgas en sectores clave como la industria automotriz y la educación.
En su región de influencia inmediata, EE.UU. parece ir conquistando posiciones favorables mediante la llegada de gobiernos afines como en Argentina, Bolivia y recientemente Chile, pero no ha logrado establecer una ruta que homologue sus intereses con sus principales socios comerciales: México y Canadá, que corresponden a su principal socio y a su tercero, entre ambos constituyen cerca del 30% de su economía. El entrecruce de Trump con sus vecinos ha provocado el acercamiento entre Sheinbaum y Carney en términos comerciales, ambos buscando fortalecer sus economías ante la extrema dependencia que tienen a Washington.
Crisis similares se expresan en las otras latitudes del imperialismo occidental, es decir, Europa y Japón, en donde también se ha cuestionado el papel de EE.UU. como dirigente global de sus intereses. Muestra de ello es la creciente tensión entre Europa y EE.UU. por la narrativa de anexión por parte de Trump sobre Groenlandia, y en el Lejano Oriente incluso se provocó el acercamiento histórico entre Corea del Sur y Japón a inicios de 2026 en una cumbre de alto nivel para discutir temas de cooperación y seguridad. Recientemente, también Corea del Sur y Coreal del Norte han abierto una vez más la ventana de un acercamiento amistoso.
Es sobre estos desequilibrios que el sector nacionalista estadounidense busca caer de pie ante el desmembramiento de la hegemonía del imperialismo occidental, acelerando las condiciones globales que apuntan hacia un mundo multipolar. No obstante, la capacidad militar, económica y de influencia política estadounidense sigue presionando al mundo entero para no perder su hegemonía, es por ello que la humanidad ha atestiguado el retroceso en el Derecho Internacional a través de la violación impune de leyes con el secuestro de Nicolás Maduro y el bombardeo a Caracas del 3 de enero, así como también el bombardeo de Irán y el asesinato del Ayatolá Alí Jamenei el pasado 28 de febrero, es decir, el propio imperialismo se encuentra herido pero busca la manera de defender su posición global, EE.UU. y su maquinaria militar no se vuelven más fuertes, sino más peligrosos.
La propia caída del hegemón precipita el auge de otras potencias, cada lugar del mercado y de influencia política que queda vacío es ocupado por otra potencia emergente; principalmente China, pero Rusia también ha utilizado su poder político para ocupar espacios como lo ha hecho en África y Asia con el conflicto del Alto Karabaj.
Debido a estas circunstancias, se puede asegurar que nos encontramos en una etapa de multipolaridad, pero que tiene matices y que no se encuentra acabada, no es un status quo, sino una etapa de transformación en la que las fuerzas continúan acomodándose por lo que el escenario sigue en movimiento. La principal premisa de Trump para fortalecer la posición de EE.UU. en el mundo, en donde los episodios se dan bajo la lógica de la resolución imperialista que implica: la sumisión de los débiles a los fuertes (Trostky, 1974), hasta el momento no ha dejado el resultado buscado en los principales frentes de batalla, tanto en la guerra militar como en la mediática.
Recientemente se pactó un cese al fuego en el conflicto contra Irán. Horas antes del ultimátum de Trump se ha firmado una tregua de dos semanas a través de un acuerdo de 10 puntos impuesto por Irán y la aceptación de la apertura del Estrecho de Ormuz para el tránsito del comercio global. El hecho se ha manejado mediáticamente como una victoria para Irán, pero esto solo implica una batalla, no la guerra, lo que hace regresar las cosas al punto de partida de inicio de la intervención imperialista contra Irán del 28 de febrero. Por lo tanto, Occidente buscará otra nueva estrategia para conquistar el mercado que se encuentra bajo el control de sus competidores, con la esperanza de detener su estrepitosa caída como poder hegemónico.
El hecho de que la conflagración no avanzara de una manera altamente peligrosa para la humanidad, en el plano de lo nuclear, responde a la lógica de estabilidad estratégica planteada por Alfredo Jalife (2025), con lo que explica la posición militar geopolítica disuasiva que han tomado las superpotencias y las potencias en el contexto de la reconfiguración global, en donde la supervivencia se pone al frente ante los niveles de capacidad de armas del contrincante. Si bien, EE.UU. e Israel comparten un arsenal nuclear que podría ser el peor escenario para Irán, este último cuenta con misiles hipersónicos indetectables que se han probado ya en el marco de la guerra de los 12 días, llevando al mundo imágenes de Tel Aviv en llamas, además de otras ciudades clave de los aliados de Washington en la región cómo Qatar y Emiratos Árabes Unidos, entre otras bases estadounidenses destruidas.
Por un lado, crece la captura de espacios económico políticos por parte de los competidores del imperialismo occidental, y por el otro, el imperialismo occidental se encuentra desplegando una capacidad de fuerza e influencia que no se había visto desde hace décadas para contrarrestar este avance de las potencias emergentes. En apariencia esta etapa de transformación debe de llevar a consolidar un mundo multipolar en donde se apunta a la distribución del poder entre EE.UU., China y Rusia, pero sería incorrecto asumir que esto llegará de manera automática, como si se tratará de un manual. Las capacidades de fuerza militar, influencia política y control mediático que ha acumulado el imperialismo estadounidense en la época pos-Guerra Fría pueden reequilibrar la balanza hacia un mundo hegemónico; aunque esto sea improbable, no se debe descartar.
Sin duda, la determinante del mundo que vendrá, si es multipolar, unilateral o tripolar dependerá de la continuidad de los acontecimientos entorno a la crisis interna de EE.UU., la capacidad de los pueblos para buscar superar las políticas partidarias de subordinación al poder económico de cada uno de sus Estados, de la capacidad de la auto organización de la sociedad en organismos verdaderamente independientes y la agilidad de las potencias emergentes para utilizar los recursos disponibles en favor de su balanza como lo ha hecho Irán, dejando claro que, ya emergió como la cuarta potencia global en este mapa de posiciones y reacomodos internacionales.

Referencias bibliográficas
Jalife-Rahme, A. (2025) Trilema Global: Nuevo Orden Tetrapolar Fractura, Bipolar Bioesférica, Guerra Nuclear. Orfila.
Trostky, L. (1974). Programa de paz. Edicions Internacionals Sedov. https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1917/mayo/1917-05-25-ProgramaPaz-Trotsky-Porta_0.pdf






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